viernes, 28 de noviembre de 2014

"Un mundo de novela" Cap 4



...De manera repentina, sin mediar ningún tipo de hecho, Celia abre bien grande los ojos y mirándolo fijamente le dice con su más fría forma de ser.

-Disculpame, me tengo que ir...

-¿Eh? ¿Estás bien Celi? ¿Dije algo que te molestó? –preguntó Ariel inundado de la más grande confusión que una persona puede tener. La miraba desorientado intentando poder comprender la reacción de esa mujer que tan loco lo volvía pero nada se le ocurría.
-No me siento bien, quiero volver a mi casa –le respondió ella sin elevar la vista para mirarlo, luego se levantó de la silla y sin volver la vista hacia atrás abandonó la modesta casa dejando a aquel hombre con una confusión que no lo dejaría vivir en todo el día, o tal vez durante un tiempo más.
Los hilos que la ataban a la escritura de Weber desaparecieron siendo ella la única que pudo ver como dejaban su cuerpo y se desvanecían a medida que tomaban altura. Nuevamente volvía a ser ella.
¿Volvía a ser ella?
Aunque su ser y su conciencia estaban allí habían quedado en segundo plano cediendo su voluntad a la de weber quien escribía todo lo que ella debía hacer, decir y sentir. Cuando los filamentos dorados la abandonaron devolviéndole nuevamente el control sobre su ser se descubrió nuevamente al lado de una persona desconocida para ella y a la que para nada correspondía en sentimientos. Todo lo que Weber relataba acerca de los afectos de Celia no podía ser más contradictorio con lo que en ella desfilaba en cuanto a deseos y sentires.
Ella corría desesperadamente por la arena pasando sucesivas veces al borde del tropiezo mortal; aun así llegó entera a su casa, al menos físicamente. Lloraba de manera desconsolada cuando ingresó por la puerta, y a pesar de que intentó con vehemencia obturarse la boca para que Verónica no la escuchara todo fue inútil porque su amiga ya estaba bajando del entrepiso para estar con ella.
-¿Qué pasó reina? –preguntó Verónica mientras descendía las escaleras confundida por la entrada de su amiga.
-Otra vez sucedió Vero, ¡no lo soporto más!
-Serenate un poco y decime que es lo que te dejó así… -insistió su amiga temiendo la respuesta.
-Pasa que vos sos la profesional y solterona, yo, soy la prostituta que tiene que entregarse a cualquiera cuando ese despreciable toma el teclado y comienza a escribir. ¿Y si me suicido? –Celia caminó a pasos agigantados hasta la mesada de la cocina, abrió el cajón y mostrándole el cuchillo a su amiga le repitió la pregunta -¿Qué pasa si me suicido?, le cago la historia, ¿cierto?
La sangre comenzaba a elevar su temperatura y velocidad dentro del pecho de Verónica, notaba la desesperación de su amiga y sabía que algo tenía que decir pero sus labios balbuceaban dejando salir solo inentendibles sonidos. Por fin habló.
-Tiene que haber otra manera, sentémonos en la cama a pensar Celi…
-¡¡No quiero pensar más, necesito resolverlo yaa!! Esto no es vivir, es caminar por la cornisa de la locura día a día. No puedo soportarlo más…
Sus ojos miraban fijamente el arma punzante que tenía en las manos, la respiración era cada vez más rápida y su pecho se inflaba buscando la valentía que aún no tenía en sí. Todo se estaba volviendo gris, cada vez pensaba menos y sentía más. Sí, todavía podía recordar cada una de las envestidas que recaían sobre su cuerpo, aún podía ver la cara de Ariel demostrando lo que ella jamás sentiría por él pero que aun así estaba obligada a corresponderlo en contra de su voluntad.
El tiempo pareció detenerse, las imágenes se habían paralizado, los sonidos apagado y solo una idea transitaba por su cabeza. Liberarse de weber, liberarse de una vez por todas de aquellos hilos dorados que la envuelven quitándole lo más propiamente humano. La libertad de hablar, sentir y hacer.
Giró su mano izquierda dejándola frente a sus ojos observando un punto específico: su muñeca.
Con la precisión de un cirujano y la valentía de un gladiador Celia hizo una incisión transversal en la principal arteria que llegaba a su extremidad izquierda ante los desesperados gritos de su amiga. Celia caía al suelo cual muñeco de trapo sin sostén.
Las imágenes se apagaron en el mismo momento en que el corazón dejó de latir.
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Fueron unos minutos en los cuales por un lado reinaba la desesperación y el llanto, y por el otro el placer de saberse libre a pesar del alto costo.

martes, 25 de noviembre de 2014

"Un mundo de novela" Cap 3



...

Quería borrar todo recuerdo cada vez que realizaba eso pero aun no entendía que el agua solo limpiaba la suciedad externa...


Terminó de bañarse ilustrándose el rostro del hombre que amaba con el fin de poder borrar las amargas huellas del trabajo y así disfrutar del momento en  que estuviera con él. No tardó más de veinte minutos en cambiarse y arreglarse; eligió la simpleza para su vestimenta, donde solo se notara su belleza natural, queriendo alejarse lo más posible de esa imagen de prostituta que le alborotaba la cabeza.
Mientras bajaba los cuatro escalones de madera que marcaban el límite entre su casa y la playa sacó su celular y escribió: “En menos de diez minutos estoy en tu casa.” No supo si terminar la frase con alguna palabra que transmitiera lo que sentía por él, aun no estaba segura de abrirse de esa manera, mucho menos estaba segura de lo que él sentía por ella y no podía arriesgarse a perderlo.
-Tranquila, andá despacio y no lo ahuyentes. ¡Todavía tenés que arreglar el problemita de tu trabajo! –repitió para sí misma Celia.
Ella podía disfrutar mucho de la soledad y, caminar con tan bello paisaje del mar yendo a la casa de Ariel sería una escena de máximo placer para Celia. Sus pies avanzaban a paso sereno y firme por la arena, acompañados de un zarandeo de manos en las que llevaba sus ojotas cuando, frente a sus ojos, se hacía cada vez mas grande la figura del hogar al cual se dirigía; allí estaba él, esperándola apoyado en el marco de la puerta y sonriéndole al tiempo que la distancia entre ambos se hacía cada vez menor.
La espera había terminado.
-Si no fuera porque venís caminando por la playa creería que sos una sirena –le dijo Ariel cuando estuvieron lo suficientemente cerca.
-Ni vos te lo creés, pero me haces feliz con estas pavadas –replicó ella saludándolo besando sus labios.
-Dejame sentir y pensar que sos la mujer más bella del mundo si yo lo quiero.
-Lo tenés permitido. ¿Qué cocinaste de rico? –preguntó Celia volviéndose hacia él y acercando su boca hasta producir un electrizante roce y luego volver a alejarse con una sensual y provocadora risa en el rostro.
-Así no puedo pensar ni contestarte…
Ella caminó hasta el sillón y se sentó mientras él cerraba la puerta y dirigía sus pasos nuevamente a la cocina.
-Arroz agrio y unas salchichas, ¿te gusta?
-Sabes muy bien que sí –respondió Celia.
La casa de Ariel tenía solo dos grandes ambientes, la habitación, por un lado, y por el otro un gran espacio donde tenía bien marcado el sector de la cocina, el comedor y un pequeñito living con dos sillones individuales de color verde que estaban bastante desgastados por la acción del sol.
Almorzaron entre palabras, risas, miradas y besos, disfrutándose lo mejor que podían.
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De manera repentina, sin mediar ningún tipo de hecho, Celia abre bien grande los ojos y mirándolo fijamente le dice con su más fría forma de ser.
-Disculpame, me tengo que ir.


Capítulo 2: http://javierdelponte.blogspot.com.ar/2014/11/un-mundo-de-novela-cap-2.html
Capítulo 1: http://javierdelponte.blogspot.com.ar/2014/11/un-mundo-de-novela.html

La Prisión de las Sombras - Cristian Arlia Ciommo

La Prisión de las Sombras No resulta sencillo un comentario sobre este libro. Su complejidad nos somete a torbellinos de reflexion...