Crimen y Ley

Crimen y ley

¿Hay sociedad sin ley? una pregunta que atraviesa, indefectiblemente, muchas dimensiones, entre ellas la dimensión de la legalidad positiva de una sociedad y, lo que a los psicoanalistas nos compete, La ley del Otro. Volviendo a la pregunta, es imposible pensar a una sociedad que no esté regulada por una normativa, y no hablamos solamente de una regulación de carácter positivo (discutida y sancionada por los organismos legislativos competentes) sino también por aquellas que son de orden de la tradición, la costumbre; la cultura.
La primer ley de regulación la observamos en las sociedades primitivas, incluso en aquellas situadas antes de la revolución neolítica allá por el año 10.000 A.C.; esta ley se denominaba ley del tabú con la cual se normativiza, de manera precaria, la sexualidad. Se prohibían las relaciones sexuales entre progenitores y descendientes directos y la transgresión de esta ley explicaba a modo de “la” causa todos los desastres naturales que atentaban contra la vida de las comunidades aún no sedentarias.
Como podemos ver es imposible considerar como real una comunidad, sea cual sea su organización, que no regule la actividad de sus miembros; de hecho, los únicos que han podido imaginar algo como ello son los llamados contractualistas (Hobbes, Locke, Rousseau, etc) desde un punto puramente hipotético e ideal y lo llamaron “el estado de naturaleza”, ahora, yo me pregunto ¿la ley del más fuerte, no es ya una ley? queda la incógnita abierta.
También acerca de este modo de regulación de la sexualidad pueden tener un acercamiento más preciso si retoman al célebre texto “Tótem y Tabú” de Sigmund Freud, que no trabajaré porque excede a los intereses de este escrito, sin embargo la referencia es más que útil.

Partiendo de esta afirmación: “No hay sociedad sin ley que la regule”, podríamos afirmar que la sociedad misma, por diferentes mecanismos de acuerdo al tipo de ley que estemos hablando, ha construido sus normas y ha asegurado su continuidad generación tras generación.
Se ha verificado científicamente por la comprobación de que no hay sociedad que no contenga una ley positiva, así sea ésta tradicional o escrita, de costumbre o de derecho. Tampoco hay una en la que no aparezcan dentro del grupo todos los grados de transgresión que definen el crimen.” [Lacan, Escritos 1 P130]. El aseguramiento de la continuidad de la ley como herramienta de “normalización”, es decir, como aquel proceso de sometimiento de la sociedad a la norma y la inexistencia de una sociedad sin ley no implica que ella misma no pueda variar en cuanto a su contenido, por ello reitero, lo que se afirma es la inexistencia de la falta de regulación social.

Entonces pensemos, que es la ley sino aquello construido por la sociedad que tiende a proteger lo que la sociedad misma considera que debe ser protegido (bien, valor, derecho) y cuyo incumplimiento conlleva una sanción que tiene como función impedir la transgresión de la misma a modo de advertencia o de reparación cuando haya sido transgredida, es decir, contemplar ella misma, en determinados casos, el modo de resarcimiento. Podemos seguir ampliando aquella afirmación diciendo que: “No hay sociedad sin ley, toda sociedad construye sus propias leyes y los mecanismos para asegurar su continuidad y protección y, todo ello, permite la con-vivencia entre sus miembros; por supuesto que nunca exenta de tensiones”.

Ya volveremos a este punto, no sin antes hacer un pasaje por el tratamiento que hace el psicoanálisis de la ley. Tenemos en claro, desde Freud, que la ley de prohibición del incesto ( siendo operativa a través de su incorporación y represión por medio de la “figura” del padre) produce un corte en la relación de la madre con el niño, un corte traumático por cierto, pero en este punto debemos ser categóricos porque el corte traumático que acabamos de aludir es lo que nos permite ingresar a la neurosis, es el sustento de la represión en contraposición a los mecanismos restantes (mencionados por Lacan) de forclusión en la psicosis (con respecto al significante nombre-del-padre y la prohibición del incesto) y, por último, de renegación de aquella prohibición en las perversiones. Renegación… alguien que reniega es alguien que sabe que lo que hace está vedado y aun así no cesa de realizarlo, reténganlo porque es fundamental para nuestra afirmación.
Como decíamos, con la introducción de la ley nos aguarda la neurosis, o lo que podemos decir también: la “normalidad” bien entre comillas.
Recordemos que Freud caracteriza al niño como un “perverso polimorfo” antes de que en él empiecen a edificarse los diques anímicos (o lo que es lo mismo, asimilar e incorporar la ley cultural a través de la figura de los padres).
A partir de acá considero realizado cierto paralelismo entre la ley de la que trata el derecho y la cultural, la ley de la que hablamos los psicoanalistas, pensando siempre ésta en relación a un sujeto que la soporta, rechaza o reniega. Vuelvo a preguntar, ¿podemos pensar una sociedad sin ley? ¿qué sería eso sino el caos total?; ¿podemos pensar en un sujeto sin ley o sin relación alguna con la ley? La vida en sociedad necesita de manera indispensable una regulación que recaiga sobre sus miembros y su acatamiento (relativamente y no sin “quejas” que pudieran transformarla) por parte de ellos. Toda actividad tiene reglas, la carencia de la misma lleva al caos, y no aludo al mismo como situación provechosa para el cambio sino al caos totalmente destructor; volvamos a recordar el mito totémico que construye Freud, en el cual podemos leer que luego del asesinato del padre (personificación de la ley) ante la inminencia de una vorágine asesina de todos los hermanos por ocupar ese lugar ante la falta de regulación se instaura un Tótem ocupando la posición de la ley (vacía con el asesinato del padre). Nuevamente es distinguible aquella necesidad de regulación.

Teniendo en cuenta todo lo que hemos desarrollado hasta este momento podemos realizarnos la pregunta que nos convoca con respecto a los hechos reiterados acaecidos específicamente en la zona del barrio de la sexta donde se encuentra la ciudad universitaria. Para aquel desprevenido, y sin ánimos de atribución valorativa, citaré algunos de los hechos que se han desarrollado a lo largo del año 2014 (algunos incluso callados).
-Escupitajos e insultos por parte de niñas/os del barrio dentro de nuestra institución universitaria a estudiantes.
-Robos con armas de fuego y armas cortantes en el radio de una cuadra con respecto a la salida de la ciudad universitaria; destacándose uno acaecido en un aula de la facultad de psicología durante una clase de consulta cerca de las 20hs.
-Hurtos en colectivos y en las paradas de los mismos.

Sabemos con claridad que las condiciones de existencia de gran parte de la sociedad argentina no son bajo ningún aspecto óptimas y ni siquiera mínimas para la vida; sabemos con claridad que la responsabilidad fundamentalmente (y legalmente) corresponde al estado a través de sus gobiernos de turno por la delegación misma que hace la sociedad a partir del sufragio, no obstante, existen diversas asociaciones sin fines de lucro que se esfuerzan por contribuir a mejorar las condiciones de vida de un sector de la población que suele ser mayormente marginalizado. Considero, y no solo desde un aspecto de valoración moral, que las condiciones de vida de los sectores marginalizados son deshumanizantes y es producto de una falta grave de atención del estado y que constituye una irresponsabilidad legal. No obstante lo expuesto me atrevo a preguntar: ¿Se debe tolerar la violencia, los robos, los asesinatos y todo tipo de renegación de las leyes de la sociedad? ¿Somos nosotros los responsables directos de las condiciones de marginalidad en la que se encuentran aquellos sectores marginales? y aún más controvertido: ¿Son los organismos encargados de asegurar el cumplimiento de la ley los primeros en cumplirla?

Ha surgido una corriente sobre teoría penal, cuyo exponente máximo es Raúl Eugenio Zaffaroni, que en breves líneas afirma que todos aquellos que nosotros llamamos criminales por haber transgredido la norma social (asesinato, robo, violaciones, fraude, etc) son producto de una sociedad represiva y que ésta última es la única responsable de los delitos, por lo cual es la sociedad la que debería PAGAR por la criminalidad de aquellos actos.
No voy a adentrarme en los trabajos del autor antes expuesto porque estaría excediendo, nuevamente, los límites de este escrito, sin embargo, dejo a disposición de todos los lectores fuentes que muestran lo controvertido de esta figura que abreva, y produce, este tipo de teoría criminal pero que fue, y no debemos olvidarlo, juez de dos dictaduras militares y escribió el “Tratado de derecho penal militar” con el cual otorgaba sustento legal a los hechos cometidos por las dictaduras del `66 y del `76.

Qué debe explicar Zaffaroni” - http://www.revistacriterio.com.ar/sociedad/que-debe-explicar-zaffaroni/
Caso “Tiraboschi” (en el cual absuelve a un acusado de abuso sexual con argumentos terribles) Resumen: http://www.adoptar.org.ar/2011/08/zaffaroni-si-hay-oscuridad-no-hay-abuso-sexual/
Fallo completo: http://www.adoptar.org.ar/2011/08/zaffaroni-si-hay-oscuridad-no-hay-abuso-sexual/
Aquí podrán leer las aplicaciones prácticas de las tan alabadas teorías del derecho penal impulsadas por la figura de Zaffaroni.


¿LA SOLUCIÓN ES DISMINUIR LA EDAD DE IMPUTABILIDAD? seguramente que no, ¿LA SOLUCIÓN ES EXCARCELAR E INDEMNIZAR (Y HASTA CON RENTA VITALICIA) A IMPUTADOS CON EXTENSO PRONTUARIO PENAL? seguramente que tampoco pues demuestra la impotencia de la institución penal para asegurar el respeto por la ley y por sobre todo la impotencia que demuestra en su “espíritu”: La re-inserción social del reo.

“No hay sociedad sin ley, toda sociedad construye sus propias leyes y los mecanismos para asegurar su continuidad y protección y, todo ello, permite la con-vivencia entre sus miembros; por supuesto que nunca exenta de tensiones”; y agreguemos: toda persona, niño, adolescente, adulto o anciano debe reconocer límites y respetarlos, ese es el fundamento de cualquier norma para la cual el estado debe proveer su continuidad y asegurar que las condiciones que pudieran impedir el cumplimiento de la misma sean transformadas, ¿o porque no? transformada la ley misma.

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