domingo, 21 de diciembre de 2014

"Un mundo de novela" Capítulo 6

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A la mañana siguiente…

6

Weber continuaba durmiendo, la mezcla de sustancias consumidas la noche anterior le había provocado una de esas cefaleas imposibles de aplacar solo con el dormir. La cabeza le latía como si fuera un corazón y por detrás, en las cervicales, sentía unos pinchazos que lo hacían estremecer. Derrumbado en la cama daba vueltas de un lado al otro presionándose bien fuerte los costados de la cabeza con ambas manos. De vez en cuando gritaba intentando disipar el dolor, algo que no sucedía y calificaba de inútil los gritos que, de todos modos, seguían saliendo por los labios de bohemio escritor.
Tomó coraje y se levantó de la cama muy lentamente tomándose de cuanto apoyo tuviera cerca porque los mareos causados por la cefalea podrían mandarlo al diablo. Revisaba torpemente una caja muy vieja de cartón en la que tenía cantidad de medicamentos como también, cajas vacías. Después de un rato de revolver y revolver y, de pasar varias veces por las mismas tiras de comprimidos, pudo comprender lo que leía y tomó una de las pastillas cuya acción terapéutica era analgésica; una muy fuerte.
Volvió a la cama con el mismo cuidado con el que salió de ella luego de haber ingerido el remedio con un completo vaso de agua a temperatura ambiente. Luego de unos veinte minutos, cuando comenzó a surtir efecto el analgésico, Weber fue quedándose dormido nuevamente. El reloj marcaba ya las treces horas.

El pequeño Máximo Weber había salido de su habitación y, mientras se restregaba los ojos por su reciente despertar, caminaba rumbo a las escaleras. Desde arriba, donde se encontraba el niño, podía verse la luz amarillenta del viejo foco que iluminaba la sala de estar.
-Mami… -llamaba Máximo desde lo alto de las escaleras.
-Max… bebé, volvé a dormir cariño –respondió su madre sorprendida por ver a su hijo despierto a esas horas de la noche.
-Tuve una pesadilla y tengo miedo, Mami –respondía con una voz poco audible Max al tiempo que su cuerpo comenzaba a denotar un leve temblor. Morgan se había percatada de aquello, no podía dejarlo así a su hijo.
La madre de Max subió las escaleras y cuando lo tuvo en frente se agachó, lo besó en la frente y le dijo:
-Mami tiene que ir a trabajar, cariño. Vamos de nuevo a la cama, vas a estar bien, nada va a sucederte.
Max asintió con la cabeza, aun no demasiado convencido de volver a dormir, y tomado de la mano de su madre entraban nuevamente a la habitación
-Soñé que no estabas más conmigo –le decía con lágrimas en los ojos –y no quiero que te vayas…
-Hijo, mami tiene que ir a trabajar, pero te prometo que jamás te voy a abandonar. Siempre voy a estar con vos –le decía Morgan mientras acariciaba y besaba la frente de su hijo, quien poco a poco comenzaba a calmar su miedo.

-¡¡¡¡¡¡Noooo!!!!!!! Mamiiiiiii…. ¡No te vayas! –gritaba Weber fuera de sí dando un salto de la cama y observando todo a su alrededor. Su corazón, que parecía salirse de su pecho, y su frente, que estaba completamente mojada, eran los más claros indicativos, junto a sus ojos, del miedo que lo avasallaba por esos momentos.
El dolor de cabeza había desaparecido pero algo más fuerte parecía volver.
 

viernes, 19 de diciembre de 2014

"Un mundo de novela" Cap. 5

...Las imágenes se apagaron en el mismo momento en que el corazón dejó de latir...

6

Fueron unos minutos en los cuales por un lado reinaba la desesperación y el llanto, y por el otro el placer de saberse libre a pesar del alto costo.
¿Libre? ¿Realmente? ¿Cómo es que puede un simple personaje ser libre cuando su escritor y creador, su Dios, no ha decidido aun cuando y de qué manera debería morir su propio personaje?
La noche se había hecho día y las gaviotas recorrían el mar en busca de alimento despertando a su vez a Celia que abría los ojos sorprendida sin poder entender nada de lo que estaba ocurriendo.
 Verónica se había quedado junto a ella en el suelo llorando desesperadamente por la muerte de su amiga, no creía que algo como ello estuviera sucediendo. Todo era dolor, lágrimas y sangre cuando de manera inesperada la misma sangre que manchaba el piso de la sala de estar desapareció; su intenso color rubí se hizo cada vez más claro hasta desaparecer totalmente, y no solo eso, las heridas de las muñecas por las cuales se había inducido su propia muerte comenzaron a cerrarse hasta no dejar absolutamente ninguna marca de aquel raptus suicida de su amiga hacía tan solo unos cuantos minutos atrás.
Weber estaba terminando su cuarto cigarrillo y su quinta taza de café bien negro cuando decidió volver a su teclado y retomar la escritura de su séptimo libro. Por su cabeza daban vueltas las escenas en donde Celia se encontraba junto a Ariel, pensaba en ella y en lo que sentía su personaje, amor, eso es lo que él quería que sintiera hacia Ariel, necesitaba generar una tensión que rompa con todos los esquemas de Celia, un terremoto que la hiciera pendular entre el amor y el dinero fácil. Sabía que lo que tenía que suceder en la próxima escena debería transcurrir en la cama.
Caminó a los tumbos, con la cabeza hecha un tambor a causa de la mezcla del alcohol, la cafeína y el cigarrillo. Cuando estuvo frente a la pantalla de la computadora se desplomó sobre la silla y leyó el último párrafo que tenía escrito.
 “De manera repentina, sin mediar ningún tipo de hecho, Celia abre bien grande los ojos y mirándolo fijamente le dice con su más fría forma de ser.
-Disculpame, me tengo que ir.
-¿Eh? ¿Estás bien Celi? ¿Dije algo que te molestó? –preguntó Ariel inundado de la más grande confusión que una persona puede tener. La miraba desorientado intentando poder comprender la reacción de esa mujer que tan loco lo volvía pero nada se le ocurría.
-No me siento bien, quiero volver a mi casa –le respondió ella sin elevar la vista para mirarlo, luego se levantó de la silla y sin volver la vista hacia atrás abandonó la modesta casa dejando a aquel hombre con una confusión que no lo dejaría vivir en todo el día, o tal vez durante un tiempo más.”
Cuando sus ojos terminaron de recorrer las últimas letras del párrafo final el corazón se le detuvo por unos segundos, luego se sintió invadido por la incertidumbre y algo de miedo.
¿En que momento había escrito eso? Estaba algo ebrio, un poco mareado por el dolor de cabeza pero nunca había perdido la conciencia, él se acordaba perfectamente que había dejado a Celia al lado de Ariel y en un momento que con un par de leños llevaría la temperatura ambiente como si fuera una caldera y que todo terminaría en las sábanas de la cama de Ariel. No estaba equivocado, él había concluido ahí.
Cuando sus ojos volvieron a pestañear y su corazón volvió a latir lo primero que pensó es que alguien tal vez había entrado y le había jugado un chiste. ¿Pero quién? Él era una persona tan solitaria y ermitaña que no tenía amigos y mucho menos enemigos. Descartó esa posibilidad luego de recorrer la casa a pesar de que la idea careciera de credulidad.
-¡Es imposibleee! –gritó desaforadamente arrojando una de las cinco tazas de café que reposaban sobre su escritorio.
-¿Me estaré volviendo loco? –pensaba en voz alta creyendo a cada segundo que esa sería una posibilidad.
Necesitaba hacer algo, o mejor, necesitaba no hacer nada, abandonar el consumo y la mezcla de sustancias por unas cuantas horas. Weber decidió apagar su computadora, no sin antes seleccionar y borrar el párrafo que había encontrado escrito y que tanto alboroto había generado en su cabeza.
-¡Vos te vas a encamar con Ariel cueste lo que cueste Celia, y te vas a enamorar! –gritaba el excéntrico escritor mientras abandonaba, un poco a los tumbos, el estudio en dirección de su habitación para desmayarse en la cama –seguramente la mezcla de alcohol y cafeína no es buena, a esta altura de mi vida me está causando mas dolores de cabeza que inspiración divina… tengo que dejarlo, seguro mi editor va a estar muy contento –finalizó su monólogo Weber antes de dejarse llevar por el sueño y sumergirse en los locos mundos oníricos.

A la mañana siguiente…

La Prisión de las Sombras - Cristian Arlia Ciommo

La Prisión de las Sombras No resulta sencillo un comentario sobre este libro. Su complejidad nos somete a torbellinos de reflexion...