martes, 25 de octubre de 2016

El Ser y la Nada [Microrrelato]

El Ser y la Oscuridad

Todo es oscuridad. Él, quien aun no sabe que existe, se encuentra reposado e inerme, como si fuera tan solo unos hilos más de aquél manto negro de la oscuridad. ¿Negro dije? Si en la nada nada puede ser negro ni blanco. En la nada nada existe, ni siquiera el eterno rival de la claridad. La nada no ES, pero, ¿cómo puedo entonces decir que se llama “nada”?
Problema sin fin es querer decir algo que por definición no ES, sino que por su indecibilidad se define. Pero aunque contradictorio sea no es en vano intentar describir que fue de él en el instante mismo en que comenzó a SER, incluso antes.
El ambiente indefinido comenzó a vibrar, parecía comenzar a agitarse el aire del que hasta entonces no teníamos noticias y, de lo que parecía ser “arriba”, una pequeña incisión situó la diferencia radical y creó al oscuro en el mismísimo instante en que el pequeño corte permitió que unas diminutas partículas de luz ingresaran perdidas -y casi ahogadas- en la reinante oscuridad.
El imperio fue testigo -sin saberse en esa calidad de tal- de ese instante de la naciente oposición creadora de los dos, que si bien todavía no constituía fuerza destituyente, se estaba haciendo sentir agitando el ambiente, enfriando el aire y mostrando que la nada solo fue nada hasta que la pequeña fisura mostró su contracara.
Un abrir de ojos... un respirar... un dolor - o en plural-, y aquel que no ERA entró en el camino de empezar a SER. Un camino de perturbaciones, de intensas emociones y afectos que, algún día, él encontrará las palabras para describir tal evento fundante, pero olvidará aquello que nunca acaeció por la falta de alguien que pueda dar testimonio -palabras si gusta- de eso que usted si leyó.

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